miércoles, 22 de febrero de 2017

Identidad Caraqueña de Francisco de Miranda por Eloy Reverón


Durante la celebración de la semana aniversario de Francisco de Miranda fue inaugurada la exposición sobre Francisco de Miranda. Tuvimos el honor de realizar un conversatorio con la comunidad educativa como parte del evento desde hablamos de nuestro héroe. Comenzamos la charla con estas palabras:
La vida de Miranda no será más que la vida de un héroe más si lo miramos con la mirada del culto a los héroes que pasan por nuestras vidas como las vidas de los santos. La vida de los santos es algo que los fieles admiran pero a la hora de la verdad, no aparecen las virtudes para poder admirarlo.

Para que Miranda sea algo más que una película o un capítulo de una asignatura escolar podemos conversar a cerca de las expectativas que se forman en todo el ambiente cultural de Venezuela. Un héroe nacional e internacional cuyo mérito esencial es el de haber sido reconocido como uno de los hombres más cultos, informados y conocedores del mundo político, económico, social y cultural de la segunda mitad del Siglo de las Luces.

Cuando nos damos cuenta de que su vida fue vivida para nuestras vidas la cosa cambia.

¿Pero cómo puede ser eso posible?

Miranda era caraqueño, si la persona que lee este escrito no es caraqueña, vivirá en Caracas, en el Estado Miranda, en cualquier parte de Venezuela o de nuestra América, en España, en Estados Unidos, en Inglaterra, Francia, o Rusia. Si es de cualquiera de estos lugares tendrá algo que lo identifica con Miranda, con su historia. Miranda tan sólo con su presencia, con su trato y su conducta, dejó una huella que identificó y grabó en sus historias. En todos esos lugares habrá alguien que comparta algo de su vida, de su historia, de los recuerdos de familia, aunque sea algo sencillo como una gota de arena en el todo infinito del mar océano. 

La identidad como algo idéntico entre lo que es o quiere ser cada persona, una suerte de proyección de la personalidad. Un héroe se hace héroe cuando posee características tan excepcionales que la gente lo admira tanto que quiere ser como él. Esto que sucede con los niños, sucede también con los adultos y los adolescentes. Puede ser una actriz de cine, el Hombre Araña, la Mujer Maravilla, Mafalda, Bob El Constructor, un futbolista, Panchito Mandefuá, una banda de Rock, un personaje de comic, una escritora, un músico, una mujer o un hombre que hayan dejado una huella en la historia.
Esto sucede cuando un país admira, quiere ser o tener algo idéntico a un personaje, es porque se identifica con el Héroe. Un héroe nacional ha sido conocido por todos.  Algo que lo identifique, que lo haga sentir que es un igual a ese ser. Allí es donde está el enigma de este ser extraordinario que recorrió el mundo dejando la estela de su presencia con un mensaje para la Historia. Su presencia produce un efecto especial en quien lo conoce porque percibe en él cualidades excepcionales. En nuestro caso los superpoderes de Miranda provienen de su intelecto, de una formación profesional que tuvo su inicio en Caracas. El lugar donde recibió sus primeras letras y su formación universitaria.

Para compartir instantes de la vida de Miranda y hacernos una idea de sus motivaciones, las cosas que hizo para que tanta gente en mundo lo recuerde después de tanto tiempo. Para intercambiar impresiones sobre esta ciudad, este continente y ese mundo que recorrió Miranda, para iniciarnos en los misterios de su vida proponemos la revisión de estas imágenes.

El lugar que la gran mayoría de las personalidades que escribieron sobre Miranda que cuando mucho mencionan como su lugar de origen y mencionan por la formalidad escolar, el lugar común de identificar su lugar de origen pero sin mayores detalles. Como si la formación intelectual que se impartía en la Caracas del rey Carlos III fuera cualquier cosa, o una oscura y monacal educación de tiempos coloniales, como si la colonización española no estuviera presente el inconsciente colectivo de nuestro tiempo.

Un ejemplo claro de esta caraqueñidad, o por este conjunto de creencias que identifican a una comunidad histórica con su espacio geográfico, está en percibir la historia de Caracas como si Caracas hubiera comenzado en el trazado de las esquinas de 25 manzanas que los agrimensores que vinieron con Diego de Lozada trazaron para posesionarse del espacio vital de una comunidad que tenía, más de 25 mil años viviendo en este paraíso. Ese es el espacio geográfico donde se inicia Caracas.

Fuente: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=352818&page=10
Aquí es donde encontramos la primera imprecisión del enfoque de una historia escrita desde la ideología o la mentalidad colonial que impone una epistemología. Ese "pobre en sus chozas" que menciona La Canción de Caracas, como originalmente llamaban a nuestro actual himno nacional, ese habitante se ubicó en las orillas de los ríos y quebradas.  Por donde llegaron los primeros caraqueños, los primeros habitantes del Valle.
Llegaron remando por el río Guaire, desde la desembocadura del Río Tuy al que tributa sus aguas, en un lugar que mientan Paparo. Todas las grandes culturas y civilizaciones crecieron en las cuencas de los grandes ríos. La cultura Toromaina se estaba desarrollando cuando llegaron los españoles a traer sangre nueva, y a derramar la sangre de los varones, a destruirlos utilizando su fuerza de trabajo desechable. Vale decir, tomar a un ser humano para obligarlo a trabajar hasta la muerte.

Después de dos siglos de presencia hispana en las costas insulares de nuestro mar Caribe, nos encontramos en la cuenca del río Guaire, en el lugar donde encontramos restos arqueológicos de lo que pudo haber sido el cuartel de resistencia INDIA a la invasión hispana. Muy cerca de uno de los caños del entones río Catuche, donde hoy está ubicada la escuela de música José Ángel Lamas, allí hallaron varias capas arqueológicas donde identificaron, utensilios de la cultura Toromaina, y otros restos, seguramente de la ranchería que incendiara el pirata Amyas Preston durante su ataque a Caracas en 1595. Por algo Lozada prefería a la Santa Capilla. Doscientos años más tarde, Caracas tuvo un convento de la Merced. La virgen de la Merced era la santa protectora de los cultivos de Cacao. La explotación de Cacao estuvo vinculada a la riqueza de la clase dominante colonial. Fue también la sede de la primera biblioteca pública, sobretodo si tomamos en consideración el reducido público que sabía leer y escribir. Estaba ubicada en frente, y no por casualidad, de las casas natales de Simón Rodríguez y Andrés Bello. La biblioteca del Convento estaba a cargo, de Fray Cristóbal de Quesada y Arias, cumanés nacido el mismo año que Francisco de Miranda, fue secretario del Virrey de Bogotá. Reconocido como uno de los mejores conocedores de la lengua castellana, maestro de gramática latina de Andrés Bello. 
      
Miranda también fue contemporáneo y condiscípulo de Fray Baltasar de los Reyes Marrero (1752-1808), considerado el primer enciclopedista de la Ilustración Venezolana del siglo de Las Luces. Un vistazo al Diario de Miranda, es suficiente para identificar los rasgos de un estilo enciclopedista, los apuntes de un hombre de La Ilustración. De manera que estamos hablando no solo del manantial de donde discurrió la cuenca de un río que bañó los cultivos de los "Grandes Cacaos" venezolanos del siglo XVIII, del convento donde estaba la primera biblioteca pública de Caracas, de la fuente luminosa donde nacieron o se cultivó el intelecto de una generación de oro achocolatado. Estamos frente a la filosofía que nutrió la praxis revolucionaria de estos protohombres caraqueños, algunos venidos de las provincias vecinas, pero formados en su casa de estudios. Hasta el mismo Gran Mariscal de Ayacucho que llegó de Cumaná a recibir formación en la academia de matemática. 

Por eso es que resulta importante la identidad de Miranda con la Universidad, como su palabra lo dice el lugar que representa el universo. Miranda no es el más universal de los venezolanos, es el primer ciudadano universal de la Modernidad, pero no de la Modernidad como concepto hegemónico. Una universalidad trans- moderna. Un hombre que concibe a la Libertad como una virtud universal, desde el momento que tomó consciencia de que había luchado en Pensacola por la Libertad de la Humanidad, había arriesgado su vida por los Derechos de la Humanidad, vivió en función a la Libertad como un tema Universal, pelearía por ella, por su Dulcinea Libertad, en Francia o en la Patagonia, porque el testimonio de su compromiso con la vida que fue capaz de resumir en los sesenta y tres tomos y 18.112 folios de su Archivo, universal porque podemos encontrar una visión analéctica de la Historia, la visión del otro, el que pertenece al centro hegemónico del poder, pero visto desde la periferia con la estatura de un igual. Universal además porque Miranda llevaba en sí, en su formación intelectual, a una universidad ambulante. Pero no es suficiente todavía, es en resumen, la universalidad de un hombre capaz de ver en los ojos de otro hombre o mujer, y de la Humanidad Entera, y en cada uno de ellos puede ver los ojos de un ser humano igual a él. Entonces estamos hablando del primer universal, o protohistoria investido con la formación que lo posesionó de las virtudes que le permitieron completar su excepcional formación de hombre universal, no de un hombre universal concebido por una historia desde la voluntad del dominador colonial, sino desde la voluntad de vivir del Libertador.

Hemos visto en esta primera parte un aspecto de la personalidad de Miranda como un superhéroe cuyas cualidades excepcionales están vinculadas a su identidad con su comunidad histórica que se extiende por todos los lugares por donde dejó las huellas de su paso como judío errante. Como un ser avanzado a su tiempo, subestimado como un ser que anuncia lo que ha de venir. No es tan simple cualquier etiqueta para Miranda que era un ser despierto, con el intelecto propio de un cerebro bien dotado de materia gris, tal es así que veía llegar la historia porque percibía su realidad y visualizaba su proyección, una realidad que sus contemporáneos comenzarían a percibir mucho después de su muerte. Como grandes hombres, grandes defectos también. Su gran defecto, su Talón de Aquiles: no haberse percatado de que estaba siendo profeta en su tierra. Capaz que si leemos sus 18.112 doce folios y la literatura escrita en torno a su persona, encontramos alguna evidencia de que lo sabía.
En todo caso en la segunda parte de este intento de recordar las cosas que compartimos esta mañana con la comunidad del Colegio Universitario Francisco de Miranda nos vamos a referir a algo que nos vamos a ocupar de la imagen que nuestra comunidad histórica asume de Miranda.

 E/R Caracas, 21 de febrero de 2017

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