viernes, 25 de enero de 2013

Lista de los hermanos que ocuparon el cargo de Gran Maestro

Gran Logia de la República de Venezuela Hermanos que ocuparon el cargo de Gran Maestro


1824 1844 …  Lic Diego Bautista Urbaneja 
1844 1847 ... Ignacio J. Charquet
1847 1851 ... Casimiro Hernández
1851 1854 ... Isidoro Hernández Bello
1854 1856 ... Manuel Felipe Tovar
1856 1857 ... Coronel Francisco Conde
1857 1858 ... Luis Delgado Correa
1858 1860 ... Lic Antonio J. Rodríguez
1860 1861 ... Luis Delgado Correa
1861 1863 ... Fernando A. Díaz
1863 1865 ... Coronel Francisco Conde
1865 1869 ... Rafael Martínez
1873 1877 ... Juan C. Hurtado
1877 1881 ... Isaac J. Pardo
1881 1883 ... Federico Meyer
1883 1887 ... Dr. Pedro Medina
1887 1889 ... Agustín Coll Otero
1889 1891 ... Dr. Santiago T. Atenza
1891 1893 ... Pedro S Delfino
1893 1895 ...Agustín Coll Otero
1895 1897 ... Wenseslao Carías Pérez
1897 1899 ... Lorenzo Matías López
1899 1901 ... Andrés A. Albor E
1901 1903 ... José F. Gabazut
1903 1905 ... Francisco Brito L
1905 1907 ... General Joaquín Garrido
1907 1909 ... Domingo J. Coronil
1909 1911 ... Enrique B. Levy
1911 1912 ... Dr. Pablo Godoy Fonseca
1912 1913 ... Dr. Manuel Porras Ortiz
1913 1915 ... César Zumeta
1915 1917 ... Dr. Ignacio Lares Ruíz
1919 1921 ... Dr. Aarón Benchetrit
1921 1923 ... Dr. Juan Bautista Ascanio Rodríguez
1925 1927 ... Dr. Jacobo Bendahán Ch.
1927 1929 ... Juan Caussel
1929          ... José Policarpo Reyes Zumeta
1929 1930 ... Dr. Adolfo Olmo
1930 1931 ... Dr. Jacobo Bendahán Ch.
1933 1935 ... Dr. Agustín Beroes
1935 1937 ... Carlos E Lemoine
1937 1939 ... P.A. Paz Castillo
1939 1940 ... Fernando Márquiz
1940 1941 ... Juan Masó Benítez
1941 1943 ... L. Arturo Irazábal
1943 1945 ... Dr. Juvencio Ochoa
1945          ... Carlos Rodríguez Jiménez
1955 1957 ... Dr. Augusto Ascanio S.
1959 1963 ... Simones Domínguez
1963 1966 ... Miguel Tejeda
1966 1972 ... General Eladio Urbina
1972 1975 ... Edito Acevedo
1975 1977 ... Simones Domínguez

Fuente:  Francisco Castillo S.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Masonería y Derechos Civiles Eloy Reverón

En el año 1867, trescientos masones de diez logias de diferentes ciudades de Venezuela, enviaron a la Cámara Legislativa del Congreso de la República, solicitudes para que legislara en materia de Matrimonio Civil y Registros Civiles, a fin de apuntar los nacimientos, matrimonios y defunciones de los venezolanos en un lugar distinto a la Parroquia Eclesiástica, la Parroquia Civil. Existe relación con la intervención de Francisco Javier Yanes en el Congreso Constituyente de 1811, el ideal de ser "libres e independientes de toda soberanía que no sea constituida por la voluntad expresa de los pueblos de Venezuela." ¿ Por encima de Dios las vanidades humanas y la codicia de poder político y económico y de la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana? En este particular debemos admitir que en nuestra sociedad de mediados del siglo XIX, las estructuras de dominio y cohesión de la sociedad colonial permanecían prácticamente intactas, éstas comenzaron a transformarse poco después de la Guerra Federal, vale decir, después de haber permanecido abierta durante medio siglo, la llave de un chorro de sangre que al final no fue cerrado sino en 1915 cuando estaba por abrirse el nuevo grifo de la Venezuela petrolera, que tuvo su tránsito durante la paz declarada por el terror de tres décadas que duró la dictadura del general Juan Vicente Gómez.
No es secreto para nadie que la Iglesia hizo una inversión a largo plazo en la exploración, conquista y colonización de lo que hoy identificamos con el nombre de América. Después de trescientos años, las bases que sustentaban semejante dominio comenzaron a mostrar sus grietas. La autoridad divina que otorgaba legitimidad al Monarca fue desconocida por primera vez el 19 de abril de 1810. Comenzaba así una revolución burguesa en la América española cuya legitimidad sería otorgada por el pueblo soberano mediante el ejercicio de los Deberes y Derechos Civiles a través de la ley, cuyos principios habrían de ser definidos en la Constitución Nacional. Una sociedad de Dios confrontada a la naciente sociedad civil que pretendió instaurar un sector de la clase dominante. Ser masón en el siglo XIX, está ligado a reflexionar en torno a los deberes y derechos por primera vez, vale decir la conquista de la conciencia ciudadana, un pecado contra el poderoso que otorgaba legitimidad al rey. Un pecado mortal que también está vinculado a adquirir independencia espiritual de la Iglesia, sin dejar de ser católico. Separar en el fuero íntimo la condición de ciudadano de la condición de adepto a determinada creencia. La libertad de culto, podía ser catalogada como pecaminosa, por la Iglesia, que no aceptaba más que obediencia absoluta a los dogmas dictados por la regularidad o filiación incondicional al Papa y sus representantes de Roma. Un derecho adquirido por la Iglesia como retribución a sus buenos y santos oficios para la conquista del Nuevo Mundo. La circunstancia de esta situación que estudiamos está enmarcada en una época cuando ese poder y de la Iglesia sobre los integrantes de la sociedad de Dios, el Dios Católico, no solo Cristo, el Padre y el Espíritu Santo juntos; sino también Mahoma, Alá, Moisés y todos los profetas representados en un solo dios padre creador expresado mediante el símbolo de la fuerza generadora de la vida, el G:.A:.D:.U:. el Gran Arquitecto del Universo. Una blasfemia a la única Iglesia "verdadera". El Caso Ruiz comenzó en la Logia Estrella de Occidente en Nueva Segovia de Barquisimeto. En 1864, proveniente de la ciudad de Barcelona llegó a la capital del Estado Lara un hermano masón llamado José Ruiz, quien figura en los cuadros de la logia Protectora de las Virtudes Nº 1 de Barcelona, con el grado de maestro. Al parecer, su profesión le exigía viajar con frecuencia, hasta que llegó a Barquisimeto, donde comenzó a sufrir quebrantos de salud. Como su estado era un poco delicado, recibió la atención médica y los cuidados de sus hermanos masones de la logia Estrella de Occidente N 55. Su salud empeoró hasta el extremo que tuvieron que llamar al Párroco Andrés Domínguez para que le aplicara los santos óleos y, si fallecía, le otorgase la partida de defunción a fin de darle sepultura. El Párroco le impuso como condición que abjurara públicamente de la Orden, petición que el enfermo rechazó. Ante la negativa del moribundo el sacerdote se retiró sin imponerle el sacramento. Cuando el padre regresó por segunda vez, José Ruiz había fallecido. Tampoco permitió su posterior ingreso al cementerio público, por la herejía de no abjurar de quienes solo había recibido atenciones y afectos solidarios. La excomunión implicaba la pérdida de la facultad para ejercer los derechos sucesorales, la angustia generada por tener que dejar a la viuda y a los huérfanos desamparados. No pertenecer a la Iglesia estaba mezclado con limitaciones para el ejercicio de los derechos civiles. La potestad de la Iglesia no era discutible, esa era la herencia colonial.
Foto E Reverón 2007
En más de una oportunidad, algún cura párroco intentó manipular la conciencia de algún ciudadano durante los últimos instantes de su vida. Esta actitud ya estuvo ligada al gran cisma de la Iglesia Católica identificado con La Reforma. Sin embargo, después de tanta sangre derramada por la libertad se continuaba violentando en nuestra América, el sagrado derecho que deben tener todos los seres vivientes a morir en paz. Presionar al moribundo para apropiarse de su herencia o hacer propaganda a una Iglesia Católica que debía comenzar a resignarse a compartir el control que ejercía sobre las conciencias humanas, todavía era observado como un hecho normal y cotidiano en la Venezuela de 1864. Pero los cambios que de alguna manera habían comenzado desde hacía varias décadas no ofrecían otra alternativa que limitar el radio de acción de los curas a la vida espiritual o religiosa de los seres humanos, dejando lo civil al margen. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. En la oportunidad que nos ocupa le sucedió al masón José Ruiz, cuando el padre Andrés Domínguez, cura párroco de Barquisimeto pretendió obligarlo en su lecho de muerte, a abjurar públicamente de la Orden Masónica, a cambio del sacramento de la Eucaristía. Este hecho que aconteció en mayo de 1864 no tiene tal importancia para un mortal de nuestros tiempos. Podría haber obtenido la respuesta que le dio el general Aureliano Buendía al cura de Macondo cuando vino a visitarlo en las vísperas de su muerte: "No necesito intermediarios entre Dios y yo". Pero para la época cuando los masones solicitaron la instauración del matrimonio civil, el Código Civil vigente para aquel momento en Venezuela, contemplaba el requisito de ser hijo legítimo de matrimonio santificado por la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana para el ejercicio de los derechos sucesorales. La excomunión no significaba sólo las llamas eternas del infierno, era un impedimento para que los hijos y las viudas no quedaran desamparadas, a menos que pertenecieran a la Religión Católica. La condición de ciudadano estaba estrechamente ligada al hecho de ser católico, apostólico y romano .
Foto E Reverón 2007
 En la carrera Nº 18, cruce con calle 26, en el edificio La Logia, luce una placa que conmemora el lugar donde estuvo la sede de la Logia Estrella de Occidente Nº 50, la cual relaciona este nombre con la libertad, la justicia y la fraternidad. Hemos estudiado a través de documentos originales y fuentes bibliográficas publicadas en 1858 , datos que nos hablan de dos logias llamadas Estrella de Occidente: la primera con el número 55, y la segunda con el número 42; y finalmente en el presente, una sola Estrella de Occidente con el número 50. Aunque la logia ha cambiado de número y de ubicación, no pudimos hallar en nuestro breve paso por esta ciudad, a los actuales integrantes de la misma, pero contamos con los fundamentos documentales que sustentan las afirmaciones que la placa señala. Documentos masónicos originales que nos hablan de un hecho histórico que tuvo resonancia en todo el país, y fue utilizado por los masones como fundamento para solicitar ante la Cámara Legislativa, la instauración del matrimonio civil en Venezuela. La sociedad civil no había delimitado su competencia. El caso Ruiz es la expresión de un hecho histórico que acusa la presencia del mal entendimiento de algunos párrocos con la institución masónica, justificados por la aplicación de Bulas Papales que proscribieron las reuniones masónicas. Indudablemente que con un trasfondo ideológico; celo de protección de los privilegios que la Iglesia perdía paulatinamente. La organización de la Sociedad Civil requería definir los límites de su competencia, la Parroquia Eclesiástica debía ceder espacio a la Parroquia Civil. Las estructuras coloniales no habían cambiado lo suficiente y entraban en contradicción con los ideales de libertad de conciencia, de culto y militancia política que se requieren para el ejercicio de la democracia. La institución masónica es, en su organización interna, un conjunto de logias regidas por una Carta Magna, estatutos y funcionarios que reproducen la estructura de una sociedad civil y democrática, un modelo escuela de civismo. Este es el carácter histórico digno de rescatar del papel que ha jugado la Orden de la escuadra y el compás como escuela de la organización ciudadana, enseñanza práctica con un toque de disciplina religiosa y difusora de ideas, en cuanto a la posibilidad de reunirse con seres semejantes, con diferentes credos y militancias políticas. Poseer el derecho a ser escuchado por todos con un acuerdo pre establecido de tolerancia y respeto. En teoría suena sublime, aunque en la práctica no se pueda demostrar que es posible. Ruiz se convirtió en la bandera de la libertad de culto y símbolo de abnegación masónica. Estandarte en la lucha por los Derechos Civiles, por la condición de ciudadano más que por su adepción religiosa. La competencia de lo religioso en los asuntos civiles era un lastre colonial que persistía en nuestras costumbres, medio siglo de violencia no había sido suficiente para cambiar en este aspecto, la mentalidad. Los Documentos Masónicos En el archivo de la logia Esperanza se conserva un expediente dedicado a los honores fúnebres del hermano José Ruiz, grado 3, muerto un año antes. En el primer folio está incluida una correspondencia de la Secretaría de la Gran Logia dirigida a la logia Esperanza, donde le comunicó que en la tenida de la Gran Logia del día 11 de enero de 1865, había comisionado a esa logia a entenderse con los gastos que equitativamente cubriría el Gran Oriente Nacional. La siguiente carta, señalada con el número dos, está fechada en Caracas, el 27 de enero de 1865, donde certificó que se tributaron los honores fúnebres del hermano José Ruiz, para cuyo acto dio su comisión la Muy Respetable Gran Logia, que fue la que acordó dichos actos, en premio al celo, fervor, constancia y fidelidad masónica de aquel hermano. Dentro del citado expediente de Honores Fúnebres está un impreso de la logia Prudencia N 40 fechado el día 7 de enero de 1867, donde propone la creación de un fondo para la exhumación de los restos y su posterior sepultura en un sitio digno, pero el trasfondo de esa acción lo observamos reflejado dentro del marco de las rivalidades manifiestas entre la Iglesia y la Francmasonería, observemos esta cita con la que cierra el impreso mencionado: " Al hacernos la inserción del acuerdo que antecede para vuestro conocimiento y demás fines convenientes, creo inútil toda observación que lo justifique, persuadidos como estamos que comprendeis mui bien, que son nuestros actos los que pueden dar prestigio a nuestra Orden, y hacer sentir todo el poder de que ella es capaz." Esta cita pone en evidencia la utilización de una víctima como bandera para una lucha concreta. En los documentos enviados al Congreso dos años más tarde, en 1867, el caso Ruiz estará en primer plano, como ejemplo de los abusos perpetuados por los párrocos utilizando poderes coercitivos que eran propios del pasado colonial, pero que en ese momento no podían seguir justificando su existencia. ¿Una cuestión de prestigio? o ¿necesidad de hacer sentir el poder de la masonería?. Lo que sí puso en evidencia este caso, fue que las instituciones coloniales conservaban intacto su poder, y que el paso hacia la vida independiente sucedió sin que se hubieran podido modificar muchos aspectos de la estructura del dominio colonial. La guerra terminó, hubo un cambio político, pero las costumbres, las leyes y lo cotidiano no percibieron alteraciones. Dentro de la comunidad masónica había diversos puntos de vista, los líderes que ostentaban los altos grados, o las logias como la Esperanza donde había un número considerable de abogados y políticos de cierta talla. Estos plantean el problema en términos de lucha por la igualdad de los derechos civiles. Otros no alcanzaron a ver el problema más allá de un simple conflicto religioso, que podía solucionarlo el Papa con una firma. ¿Porqué esperaron tres años para manifestar su desacuerdo? ¿Casi un año para realizar los honores fúnebres? ¿Porqué tanto escándalo por un hombre que cumplió con su deber moral de no abjurar de aquéllos que le habían brindado su hospitalidad? y sobre todo después de tanto tiempo. Por ahora observaremos algunos aspectos de el ambiente histórico que hemos reconstruido para la comprensión de la época. El General José Félix Blanco, sacerdote y héroe de la Independencia recibió como condición previa a su reincorporación a la Orden Sacerdotal, la abjuración pública de la Orden Masónica . Esto sucedió el 18 de agosto de 1863, un año antes de la muerte de José Ruiz. No sabemos de que manera pudo afectar al prestigio de la Orden, pero debemos dejar apuntado que la reacción de diez logias dentro de un universo aproximado de 28 del cual hemos podido verificar los datos de su existencia, no significa una proporción significativa del universo masónico como para decir que la masonería venezolana luchó por los derechos civiles. Podemos afirmar que un sector significativo tomó esta iniciativa. Pero si la primera vez que un grupo organizados de manera civilizada y pacífica solicitó a la Cámara Legislativa, hacer un trabajo específico que implicaba sancionar una ley, que desde el punto de vista de los derechos civiles, significaba un cambio que redundaría en el reconocimiento pleno de la ciudadanía. Es importante destacar que la Cámara Legislativa nombró una comisión para que estudiara el caso y tomara una decisión a fin de responder a la solicitud realizada por los masones. El presidente de la Cámara era Antonio Leocadio Guzmán, quien en 1838 había propuesto la creación de registros públicos, estuvieron de acuerdo, pero fue tal la inercia para llevar a la práctica las disposiciones necesarias, que no fue posible instaurarlos. También hubo inercia en la reacción colectiva de los masones venezolanos actuando como una red nacional organizada. Se puso a prueba la capacidad o poder de convocatoria de la Orden. José Ruiz murió en los días finales de mayo o principios de junio de 1864. En octubre de ese año de 1864, la logia Protectora de las virtudes N 1 de Barcelona dirige una carta al Presidente de la República, firmada por el Secretario E. Marín. Donde manifiesta al Presidente encargado, su preocupación, protesta y, si se quiere, hasta súplica al denunciar el caso de su Maestro Masón José Ruiz. En 1865, Antonio Guzmán Blanco detiene la acción masónica con maniobras de hábil político. Al parecer recibió a Ramón Díaz, Ser:. Gran Maestro, en una audiencia privada con el hermano Antonio Guzmán Blanco, donde éste lo convenció de que era necesario para la tranquilidad social, no activar conflictos con la Iglesia. Por circunstancias relativas a la estrategia política, el Gran Oriente Nacional declaró en suspenso esas desaveniencias. Antonio Guzmán Blanco fue irradiado de la Logia Esperanza, por inasistencia a las reuniones y la ausencia de contribuciones con el tesoro de la logia, al menos eso lo justifican mediante la comprobación del incumplimiento de los artículos relativos a las obligaciones esenciales de todo miembro de cualquier asociación. Pero el trasfondo político de la medida se explica por la fecha de su emisión, momento durante el cual Guzmán había salido para la guerra. Para la masonería venezolana había sido un joven luvetón , estudiante de los últimos años de derecho, hijo de un masón liberal de los viejos, Antonio Leocadio Guzmán, fundador y director del diario El Venezolano, quien había criado a su hijo para ser presidente. Este joven se había ido a la guerra, a la rebelión armada contra el Gobierno de Manuel Felipe Tovar, su hermano masón. Los masones juran acato y respeto a las leyes del país donde están establecidos, esto puede explicar la medida, pero no justificarla. Cuando el joven Antonio Guzmán Blanco regresó con grado de general e investido con el cargo de presidente encargado, entró por la puerta grande a la reunión masónica de conciliación que tuvo lugar en la esquina de Chorro, en la casa de habitación de Diego Bautista Urbaneja, una reunión masónica anunciada en el diario El Federalista, durante los primeros días de enero de 1865. En esta gran tenida, o reunión masónica las federaciones de logias controladas por los dos sectores políticos opuestos, se agruparon bajo una sola federación el 12 de enero de ese año. A la reunión asistieron unos trescientos representantes de las diferentes logias, capítulos y aerópagos de red nacional de hermanos masones, sin contar a los músicos que amenizaron el acto . Hubo un discurso elocuente del cual vale la pena recordar la lectura de un salmo de La Biblia donde señala que Dios prometió a sus hijos el cetro eterno para que pudiesen mantenerse unidos. Durante el acto de Fusión o de reconciliación masónica, la alineación de las dos federaciones masónicas que habían permanecido divididas durante el ocaso de Páez y los Monagas hasta la generación de los Liberales de Antoñito, como diría Antonio Leocadio Guzmán, hermano masón y padre de uno de los presidentes más polémicos que ha tenido la historia de Venezuela. Antonio Guzmán Blanco regresaba buscando apoyo en la masonería para su proyecto político, y tal vez por consejo de su padre consecuente masón. Después de la fusión masónica que tuvo lugar en enero de 1865; a finales de este año los masones le pidieron apoyo a Guzmán Blanco en relación a la lucha por la igualdad de los derechos civiles, éste los hizo esperar, y al parecer hasta les aconsejó no molestar a la Iglesia pero, los masones salieron adelante con su solicitud al Congreso en 1867. La respuesta del Congreso Podríamos afirmar que el Congreso prestó a las solicitudes, una atención casi inmediata. Nombró una Comisión constituida por la Comisión de Peticiones que redactó un informe donde consideró innecesario discutir, por considerar que la mayoría de los venezolanos eran católicos, como si los masones no lo eran también. Antonio Leocadio Guzmán trató de nombrar otra comisión de tres miembros, pero no recibió el apoyo de la mayoría para darle curso. Esta vía legal e institucional no arrojó el resultado esperado, la mayoría en el Congreso estaba de acuerdo con conservar los privilegios que la Corona Española había otorgado a la Iglesia, muy por encima de los derechos civiles y las necesidades de ir modernizando el Estado. Hasta 1870 observamos una preocupación centrada en la idea de legislar para el logro de una transformación social o política. En 1867 se intentó darle más importancia al carácter civil del matrimonio. Expusieron razonamientos lógicos para justificar la separación de lo religioso de lo civil. Pretendieron hacerlo mediante la legislación y amparados en el derecho que tienen los miembros de una democracia representativa, a solicitar a la Cámara Legislativa que haga su trabajo en determinada materia. A partir de la instalación de Antonio Guzmán Blanco en el poder, tales medidas no se piden sino que se llevan a la práctica mediante la imposición por decreto. Fueron más efectivos los cambios realizados desde el poder sustentado sobre la fuerza de la imposición dictatorial, con bases sobre el progreso económico, que los cambios provenientes del derecho que de los hechos. Documentos Oficiales El hallazgo proviene de una investigación presentada en el VI Congreso de Historiadores, celebrado en Caracas por la Academia Nacional de la Historia en agosto de 1988. En aquella ocasión expusimos las observaciones hechas sobre 87 folios que reposan en el Archivo Histórico del Congreso de la República de Venezuela, con sede en la Esquina de Pajaritos, en la ciudad de Caracas. En esta ponencia dejamos expuestas una serie de inquietudes respecto a las posibilidades de elaborar una investigación que se constituyó con los años, en la base para el estudio de lo masónico en la historia de Venezuela, asunto que hasta la fecha no había pasado de lo anecdótico, de recopilaciones documentales con escasa relación con el contexto histórico, o referencias tangenciales hechas por destacados investigadores dentro del marco de otros temas históricos. Los ochenta y siete folios ( y dorso) que reposan en el Archivo del Congreso de Venezuela, corresponden a las solicitudes de las Logias: "Protectora de las Virtudes N° 1", de Barcelona; "Victoria N° 38", de la Victoria; "Virtud Premiada N° 41", de Carúpano; "Estrella del Paria N° 56", de Río Caribe; "Esperanza N° 37"; de Caracas; "Alianza N° 31", de Valencia; "Prudencia N° 40", de Caracas; "Tolerancia N° 15", de San Felipe; "Lealtad N° 33", de Caracas; "Fraternidad N° 4"; "La Estabilidad N° 48" y, por supuesto, la Gran Logia. Percibimos en la acción masónica, la expresión del enfrentamiento de dos sectores de la clase dominante, en la lucha por el poder o el control de la sociedad. No podíamos saber cuántas logias y masones existían en ese momento, contamos trescientas firmas. Luego 28 logias y cerca de mil novecientos hermanos. Podemos pensar que fue un sector de la masonería el que participó en esta lucha, mas no la masonería. En varias oportunidades nos hemos planteado la necesidad de observar a la masonería como una forma prepolítica del Partido Liberal. Otros investigadores de la masonología lo han planteado, pero en el caso nuestro se llego a pensar que fue, y podría seguir siendo, una forma prepolítica de hacer política, un escuela para aprender ciudadanía, pero no me parece que del Partido Liberal, sino de cualquier grupo político. En Venezuela, y hasta 1915, la única forma de hacer política en dominio público, fue la guerra. Lo interesante para los valores masónicos que los masones venezolanos olvidan resaltar, es que estamos ante una institución que predica y practica la paz y la política civilizada, en un país cuya única forma de hacer política que conocía era la guerra. Entre 1915 y 1928, gracias al silencio impuesto por la bota del general Juan Vicente Gómez, la población se vio obligada a plantearse nuevos paradigmas en su forma de hacer política, así comenzó a surgir la idea de la democracia. Existe una interrogante en cuanto a relación masonería y derechos civiles. Estudiando el tema encontré una publicación relativa a la historia del Registro Civil en Venezuela, y me hallé ante la sorpresa que es también un masón quien presta su atención a estos documentos relativos a la lucha por los derechos civiles. Se trata de un discípulo masónico de Lisandro Alvarado, insigne etnógrafo y padre de la arqueología en Venezuela, Juan Bautista Ascanio Rodríguez. Indagando su vida para establecer la relación de su interés como masón o como abogado, antropólogo o sociólogo, me encontré con un eminente médico, quien además preparaba sus medicinas en su laboratorio botánico y su genialidad lo llevó a patentar numerosos inventos, e incluso diseñó instrumentos médico quirúrgicos. Tenía fama de mago, brujo, y alquimista porque examinaba a sus pacientes observándoles el iris, les preparaba las recetas en su laboratorio, y no cobraba por la consulta porque vivía de las patentes de la "Minerarina El Mejor Alimento para niños, producto de los laboratorios de J.B. Ascanio Rodríguez" También aparece la Palusina, en pomada rectal, líquido y en cápsulas, se trata de un parasiticida, vale decir, para matar parásitos. y Pelereke, una pomada para la piel.
Reproducción de E Reverón 1991
fotografía provista por su sobrino
Jorge Correa S 
Este personaje tenía su residencia en el Barrio los Caobos, Avenida Libertador, en la parroquia Candelaria. Hoy se llama esquina La Mansión, al sur de la esquina de Venus, diagonal a la torre Viasa. La mansión Egipcia fue su casa de residencia, y después del cisma masónico en 1926, se convirtió en un aerópago de masones que se constituyeron en la Logia Lumen. Lo más granado de la masonería de la Esquina de Maturín partió para Los Caobos. Allí se editó la Gaceta Masónica y una nueva Constitución diferente a la adoptada por los masones tradicionales en 1924. Formaron una masonería con estructura Republicana, con los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial bien definidos. Desde el punto de vista de la Historia de la masonería, una revolución democrática en pro de la soberanía de las logias como entes autónomos que los masones tradicionales no intentarían superar, con mediano éxito, hasta 1956. No sólo fue una reacción de la corriente de pensamiento evolucionista influenciado por el positivismo, contra los creacionistas, sino la lucha por una estructura más democrática, que respetara con mayor eficiencia el principio de autonomía de las logias. Eloy Reverón : Publicado por primera vez en: Revista Electrónica de Historia Fundación Jonh Boulton Número 2 año julio-diciembre de 2001
Foto E Reverón 2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

La vida masónica de Francisco de Miranda sólo existe en el imaginario colectivo de los masones venezolanos a partir de la creación del día masónico nacional en el marco de la conmemoración del bicentenario del nacimiento del prócer
Esto no desmerece su condición de hombre excepcional que menciona el historiador masón y masonólogo Seal Coom, citado en las investigaciones del historiador venezolano, Eloy Reverón, quien ha buscado inútilmente, los fundamentos de una posible vida masónica de Miranda. Llegando a valorar la condición mirandiana de la masonería criolla.

viernes, 27 de mayo de 2011

Historia de la masoneria en venezuela Guaicaipuro García

La idea de que los conspiradores liberales españoles llevados a La Guaira como prisioneros tuvieran vínculos con la institución masónica carece de fundamento y es una falta de respeto al sentido común. Tercamente se aferran a unas mentiras desarmadas hace mucho tiempo atrás.
Picornell, Campomanes, lax. Mucho menos después, Gual, España, ni Andrés Bello, ni Antonio José de Sucre, ni siquiera de Francisco de Miranda se han hallado testimonios históricos, aunque él es el más promovido, los escritores que lo reconocen como masón tienen mucho que desear con respecto a la seriedad de sus argumentos. La "masonería era tan secreta" que ni ella misma sabía que existía.
Los argumentos que ofrecieron los masones del siglo XX en su proselitismo masónico son tan infantiles y resultado del desconocimiento de su propia historia.
Ya en 1991 mostraba el historiador Eloy Reverón en su tesis para optar a la licenciatura en la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela todos los detalles pormenorizados de cómo Asciclo Valdivieso Montaño (1928) manipuló una cita de José de Jesús Castro (1856) para no entrar en contradicción con una interpretación muy personal que hace de un artículo de la Enciclopedia Iniversal editada por Espasa Calpe, en el tomo 33 para ser más preciso.
A alguien se le ocurrió incluir una reseña de los conspiradores de los Cerrillos de San Blas dentro del artículo de dicado a la Masonería, y de la manera más acrítica e irresponsable este sujeto, crean un mito fundamentado en el engaño.
Los únicos mitos que son reales son resultado de la tradición oral de un pueblo, el problema surge a la hora de legitimar una tradición producto de una mentira histórica. Es una situación que raya con los principios morales y éticos que pretende promover la Institución.
Les pido a esos "misteriosos" caballeros racionales, que maduren, que dejen de comportarse como "boyescaos" grandes y asuman con seriedad su historia. Porque si no lo sabían, La Orden de la Escuadra y el Compás tiene muchos méritos históricos que desconocen. Sería justo que investigaran un poco para que la gente no les pierda la consideración y el respeto que merecen.

miércoles, 16 de marzo de 2011

El Diablo en las logias Eloy Reverón

El diablo en las Logias
Eloy Reverón
La Masonería posee el estigma del misterio. El ser humano ha temido siempre a todo aquello que no ha podido comprender. Ejemplo elocuente la visión que antaño tuvo de los truenos, rayos y centellas. La Orden de La Escuadra y El Compás ha basado gran parte de su atractivo en la promesa de otorgar mediante los ritos iniciáticos, la revelación de los augustos misterios de la vida y de la muerte.
Esta exótica fraternidad ha asombrado a las mentalidades ingenuas con su rebuscado lenguaje y los aires místicos de una simbología conformada alrededor de los instrumentos básicos de los constructores de catedrales, y posteriores alarifes del templo interno.
Otro de sus ganchos publicitarios ha sido el prestigio que le otorga considerarse recipiendaria de una antigua tradición vinculada a un cúmulo de sabiduría que data de los orígenes mismos del hombre racional. Al hombre de las cavernas le fue revelado el primer misterio de la fuerza del templo cuando intentó sostener el techo con un tronco, encontrando de esta manera, primera columna del aprendiz; luego vino el compañero, a compartir su pan y su esfuerzo para colocar la segunda columna. Sucesivamente, al maestro se le ocurre trasladar la experiencia a campo abierto levantando el primer monumento megalítico. El origen del arte de construir se pierde en la noche de los tiempos.
Pero más acá de la Masonería moderna que nace en Inglaterra en 1717 y adquiere estructura jurídico institucional en 1723, cuando el reverendo Anderson le redacta su primera constitución; la fama de la Orden se difundió rápidamente por ese mundo que comerciaba con Inglaterra; se difundió también en forma de cofradías militares a través de las cuales se distribuyeron sus misterios en torno de las islas del Caribe y finalmente entre los oficiales de la Legión Británica y la oficialidad del general español Pablo Morillo, que había trabajado en las guerras, luchando con Wellington para expulsar a los soldados franceses de España, durante las guerras napoleónicas.
Después de librada la batalla de Carabobo, buena parte de la oficialidad patriota se estableció en la ciudad de Valencia, donde comenzaron a organizar sus logias. La primera vinculación de las logias con el demonio, la narra Francisco González Guinán en su libro Tradiciones de mi pueblo, especialmente en su capítulo ” Muera la Masonería”. Versa el relato sobre el caso de un abogado entrado en años, que muy a su pesar del triunfo republicano, mantenía un apego enfermizo a los dogmas de la Iglesia, y veía la organización de la sociedad civil republicana como una auténtica obra de Satán.
“Empero tenía el doctor una manía: las sociedades secretas le crispaban los nervios y creía ver en ellas la viva representación de los malos espíritus y la más terrible amenaza contra la tranquilidad pública, el honor de las familias y los sagrados fueros de la religión y de las leyes.”
Cuando el señor en cuestión, se enteró de que en la calle Unión se congrega una logia de masones, comenzó una campaña en contra de la Cofradía, la cual no se limitó a la divulgación de la amenaza satánica que representaba la Masonería entre sus amigos y conocidos, sino que acudió ante el general Páez y el gobernador Cistiaga en varias ocasiones hasta que el Gobernador le puso a su disposición un pelotón de oldados para que se presentara frente las puertas del templo, cuando estuviesen realizando sus oscuros rituales, a fin de que acabara con semejantes demonios.

Así, la noche del lance, guapo y apoyado, irrumpió ante las puertas del infernal recinto, golpeándolas con gran escándalo, hasta que de adentro se oyó una voz que respondía con firme ceremonial.
“De repente se abren de par en par las hojas de la puerta: una luz intensa se extiende: brota humo con hedor de azufre: el oficial y los soldados promueven en gritos extraordinarios, y a la de sálvese quien pueda, dejan
al pobre doctor en las garras de cuatro hermanos de Hirán, vestidos de largas y negras capuchas y hablando por medio de bocinas, lo precipitan al interior, cierran con estrépito la puerta, véndale fuertemente los ojos y
le pronuncian esta aterradora frase: - No os mováis, o sois hombre perdido para siempre…
El historiador valenciano, que perteneció según sus propios testimonios, a la logia Alianza N 8 durante alguna etapa de su vida, perfila algunos detalles vinculados al ritual de iniciación. Sin revelar muchos
detalles de la ceremonia de la cual fue objeto el fanático abogado, comunica lo esencial. No obstante, se puede suponer que lo hicieron vivir gran parte de un ritual de pasión y muerte, que de alguna manera le transmitió señales del secreto de la iniciación masónica.
Termina su experiencia a la mañana siguiente, abandonado a la orilla del río Cabriales, con el filo de una espada haciéndole contacto en la espalda, de donde una lavandera lo rescató. De allí, según reza la tradición, se fue a confesar diciéndole al confesor que del odio a la Masonería se había librado, y ahora quería lavar …
la mancha afrentosa que es la mancebía.” El padre terminó siendo padrino de la boda, y según deja en el plano de la duda, posiblemente ese cura también era masón. De tal manera se puede apreciar como una tradición verbal recogida por el historiador, intenta rescatar la imagen de la Orden, y de alguna manera despojarla de su imagen luciferina.
De la satanización de las sociedades secretas no solo existen tradiciones del siglo XIX. Es notable el caso de un esmerado antimasón, que con el pseudónimo de Mister X, se tomó el trabajo de escribir un libro para mostrar un supuesto carácter anticristiano de la Masonería. Es oportuno citar el capítulo: “El Diablo en las logias” donde Germán Borregales afirma:
“Es un hecho histórico innegable la influencia del Diablo, así, con mayúscula, en la fundación, desarrollo y actividades de las Sociedades Secretas, particularmente en la Francmasonería”
El sentido diabólico que le encontraba Germán Borregales a la Masonería se fundamentaba no tan solo en el hecho de que el Papa León XIII la hubiera descalificado, sino que a pesar de la voluntad pontificia, a muchos
católicos les hubiera parecido que la Orden no exigía nada contrario a la religión y buenas costumbres. La “infalible” palabra de Su Santidad apuntó categóricamente:
… ; pero como en realidad, el crimen y el vicio constituyen la única razón de ser de la Masonería, es de todo punto de vista evidente que no es lícito inscribirse en dicha secta ni ayudarla de ninguna manera.”
El carácter satánico de la Masonería estaba implícito en el hecho que a pesar de la Santa Palabra del representante de Dios en la Tierra, cada día más católicos se dejaran fascinar por el engaño diabólico de los maestros masones, para hacer caer a los ingenuos agnis dei de semejante manera, debían estar bajo los influjos de Lucifer.
” Un engaño en el que toma parte el Diablo, sin duda, porque en las logias masónicas, como arriba probamos, hay muchos espíritus infernales dirigiendo los trabajos.
Es mucho más fácil personificar al enemigo identificándolo como símbolo de la perversidad última que tratar de entender que hay detrás de las posiciones que defiende cada uno. ¿ No es entonces más complicado reflexionar en torno a las pérdidas de la Iglesia Católica tras la crisis del pensamiento europeo después de
mediados del siglo XVIII y principios del XIX que atacar ciegamente a los privilegiados emergentes, nuevos beneficiarios de los cambios políticos y económicos, y su legítima defensa ante aquellos que intentaban
reacomodar sus cuotas de poder en el nuevo orden? Fue mucho más sencillo para el gran público, olvidar la
esencia divina del poder monárquico frente a la perversidad ciudadana. Cuando llegaron los sacrílegos derechos civiles a pervertir el santo orden de las cosas, era más sencillo acusar al Belcebú. Pero no tanto como para no percatarse en el debido momento, que al final resultó más sencillo cortarle la cabeza a los
reyes que de decapitar a la Monarquía, porque la mentalidad y la ideología defensora de los intereses de la cultura dominante, prevalecen como vehículos transmisores, de la estructura mental de los privilegios ancestrales, y de una generación a las siguientes.
Para la mentalidad conservadora y colonialista, son diabólicas todas las manifestaciones culturales que evoquen alguna deidad anterior, o distinta a las impuestas por la doctrina.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en el libro El diablo en Venezuela. Certezas, Comentarios, Preguntas (Fundación Bigott: Bigotteca, Serie “Orígenes”, 2004), del reconocido etnohistoriador Rafael Strauss K. Fue escrito por
Eloy Reverón como humilde aporte a la obra de su profesor.

viernes, 13 de agosto de 2010

Instituto Venezolano de Estudios Masónicos


¿Porqué los investigadores habrían de interesarse por la historia de una institución semejante?

Todavía hay mucha fantasía en torno a la imagen de esta moderna institución.

¿Tiene hoy día la misma vigencia que se le ha atribuido en el pasado?

La Masonería emerge de la llamada Edad Media, como la Universidad, una institución de la modernidad. Si la modernidad, ni la posmodernidad tienen sentido en Nuestra América. En tiempo espacio de la transmodernidad, todos estas ideas hegemónicas deben ser revisadas con mayor razón y sentido poético.

¿Hasta qué punto refleja la realidad de la parcela global?

Si se destila la concepción ideológica de la Globalización. La Masonería tendría que adaptarse a las realidades del siglo XXI, sin perder lo esencial de su tradición.

¿ No necesitarán los masones del presente destilar lo fantasioso de la realidad en el pasado para adquirir una visión realista del presente y del futuro de la Orden?

La Historia de la Masonería Venezolana había sido subestimada por los historiadores profesionales y sobre valorada por prosélitos y escritores sensacionalistas interesados en propagar fantasías ajenas a la virtud masónica. El equilibrio entre estos dos puntos identifica la línea limítrofe entre el Mito y la Realidad.

¿Porqué los investigadores habrían de interesarse por la historia de una institución semejante? ¿Tiene hoy día la misma vigencia que se le ha atribuido en el pasado? ¿Hasta qué punto refleja la realidad de la parcela global? ¿ No necesitarán los masones del presente destilar lo fantasioso de la realidad en el pasado para adquirir una visión realista del presente y del futuro de la Orden?

La Historia de la Masonería Venezolana había sido subestimada por los historiadores profesionales y sobre valorada por prosélitos y escritores sensacionalistas interesados en propagar fantasías ajenas a la virtud masónica. El equilibrio entre estos dos puntos identifica la línea limítrofe entre el Mito y la Realidad.

La memoria de la historia oficial de la Gran Logia de la República de Venezuela del siglo XX, siempre colocó el inventario de los masones ilustres por encima de la Historia de los valores promovidos por la misma organización. Esta realidad habla más de la decadencia de la Orden que de su evolución.

Si usted quiere llegar más allá de lo superficial, tendrá que buscar, tocar, esperar que le abran, osar a entrar. Deberá tener la mente y los ojos abiertos porque sobran impostores.
erivem@gmail.com

jueves, 26 de noviembre de 2009

La Masonería en Venezuela siglo XIX, Eloy Reverón




El historiador venezolano, Eloy Reverón escribió en La Masonería en Venezuela siglo XIX, Caracas, UCV, Escuela de Historia, 1992, una documentada tesis (49 cajas de documentos masónicos originales), donde desmitifica una serie de cuentos inventados por masones inescrupulosos con el objeto de hacer proselitismo. Entre esos que la historia de Venezuela esta íntimamente ligada a la Masonería, algo así como que la Orden es el centro de la Historia. Pero cuando la Masonería llegó, ya Venezuela existía.
Los orígenes de la masonería en Venezuela están ligados a las cofradías de los militares profesionales, quienes después de trabajar en las guerras napoleónicas, vinieron a combatir en ambos bandos de la guerra de emancipación venezolana, tanto por la causa patriota como por la realista. Muestra como Celestino Romero realizó una serie de especulaciones en su libro “Raíz Histórica de la Masonería en Venezuela”. Estas afirmaciones provienen de manipulaciones, que de las fuentes bibliográficas que realizaron otros autores masones interesados en hacer lucir a la Masonería como “Madrina” de la Independencia. Romero, sin ser historiador, ni siquiera de oficio o afición, afirmó que en nuestro suelo, la Masonería ya estaba presente antes de estos movimientos independentistas. Su elucubración consiste en afirmar que los reos que llegaron a la cárcel del puerto de La Guaira en el año 1796, procedentes de la España monárquica: cuatro profesores acusados de rebelión en contra de La Corona; los nombres de estos revolucionarios eran: Manuel Cortes Campomares, Juan Mariano Picornel, José Manzanares y Sebastián Andrés, quienes quisieron convertir en República Liberal a la España Monárquica. Ninguno de los autores anteriores se ocuparon por mostrar de donde había extraído la idea de que estos señores eran masones. Simplemente partieron de una premisa simple, si es revolucionario republicano y liberal tiene que ser masón. Pero resulta que personajes como el general Morillo y otros oficiales españoles también se reunían en logias, y sabemos por investigadores masones serios, como Leonel Semungal (AQC de Londres), que en la isla de Santa Lucía en El Caribe Oriental, existieron logias compuestas por masones monárquicos que tuvieron que escapar a la monárquica Trinidad, cuando los funcionarios de la Revolución Francesa, llegaron con el objeto de decapitarlos, dejando incluso el suntuoso templo masónico reducido a escombros.